Mi primer contacto con Soria se produjo a través de la lectura. Me impresionó el misterio  de las leyendas de Bécquer y pude imaginar la árida y fría tierra castellana que describía Machado.Era todavía una adolescente, pero tenía muy claro a qué quería dedicarme: a la enseñanza de Lengua y Literatura.

Años más tarde, me encontré residiendo y trabajando en Soria, una ciudad a la que debo mucho, tanto en lo personal como en lo profesional. Aquí he podido desarrollar mi verdadera vocación, iniciando un camino que dura casi 40 años.

En esta trayectoria he conocido a muchas generaciones de alumnos/as, he madurado con ellos, me han aportado experiencia y juventud. He tratado, y trato cada día, de ayudarles a descubrir lo mejor de sí mismos, de despertar su interés por la lectura, de fomentar la creatividad y la sensibilidad, de valorar la importancia de una buena expresión, de desarrollar su espíritu crítico y su autonomía personal.

La labor docente es un continuo proceso de entrega y renovación, de formación y adaptación a metodologías y situaciones nuevas; pero, sobre todo, es una gran responsabilidad, ya que tenemos en nuestras manos la labor de formar personas, de desarrollar en ellos unas capacidades y unos valores que les servirán para toda la vida.

Los retos son constantes. Vivimos en una sociedad plural y cambiante. Debemos ser capaces de dar respuesta a la diversidad de una forma personalizada. Nuestros alumnos tienen motivaciones diferentes y situaciones personales a veces complicadas. La tarea no es fácil y los resultados no se consiguen a corto plazo; por eso, cada pequeño logro lo considero un triunfo y un empujón de ánimo para seguir adelante. La dosis de entusiasmo que ponemos en lo que hacemos  es percibida por nuestros alumnos. Esto convierte nuestra tarea en algo apasionante.

Si me pregunto qué he recibido en mi larga trayectoria profesional, tengo muchas respuestas: enriquecimiento personal, experiencia y renovación, madurez, gratitud de alumnos y familias; un magnífico equipo de compañeros y amigos que han contribuido a que la vida diaria sea más fácil. Como dijo Machado: “Conmigo vais, mi corazón os lleva”.

El camino no ha terminado. Nuestros alumnos nos necesitan y esperan. Sigamos ayudándoles a orientar su futuro y a descubrir su verdadera vocación, clave del éxito y la felicidad personal.

María Carmen Segura Martín

Profesora de Secundaria

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