Si hay algo que he aprendido a lo largo de los años que llevo trabajando es que, guste o no, hay que adaptarse a los cambios. Y es que salir de la zona de confort de cada uno cuesta. Nos sentimos más confiados realizando aquellas actividades que ya tenemos adquiridas y no nos suponen una dificultad. Probar “algo” nuevo puede generar inseguridad, expectación, nerviosismo, etc. Pero también puede gustar mucho y sentirnos por ello orgullosos del trabajo realizado. Porque cuando algo funciona, ofrece oportunidades y encima aporta emociones positivas en nuestros alumnos, todo esfuerzo merece la pena.

Eso es lo que ocurrió cuando nos propusieron participar en un proyecto de emprendimiento. “¿Otro más?” A diario preparamos actividades para logar que nuestros alumnos sean autónomos y ellos mismos emprendan y tomen decisiones. Pero este proyecto era diferente; suponía la creación de una empresa. Nos surgieron dudas, temores, una carga de trabajo extra, darle una vuelta a todo lo que teníamos programado… Trabajo en equipo, coordinación, toma de decisiones, responsabilidad, innovación, asumir riesgos, creatividad y espíritu de superación fueron algunos de los puntos en los que tuvimos que centrar nuestro trabajo para empezar a emprender, primero nosotras, y luego con nuestros alumnos.

Los alumnos aceptaron el reto con mucha ilusión e infinitas ganas. Para ellos comenzar esta nueva actividad y emprender una nueva tarea consistía en un juego; un juego con el que, si salía bien, tendrían un beneficio. Por votación se decidió que se crearía una cooperativa donde todos los alumnos, los socios cooperativistas, pondrían un capital inicial de su propio dinero. Eligieron su nombre de empresa y su logo, su equipo directivo y decidieron qué productos navideños crearían para poder venderlos en Navidad y conseguir autofinanciación. Recibieron visitas de grandes emprendedores que, con su testimonio, aún les animaba más a continuar con la actividad. Crearon productos y en la última celebración del aprendizaje tuvieron la oportunidad de venderlos. Por cierto, gracias a cada uno de los compradores que con su aportación contribuyeron a que esta gran ilusión de los alumnos pueda seguir adelante.

Se consiguió beneficio que será reinvertido en la cooperativa para la realización de nuevos productos que se venderán a final de curso. Si con esa última venta vuelve a haber beneficio, una parte será donado a una organización social y así revertir en la sociedad la ayuda que nos ha brindado con poder realizar esta actividad. Esta organización será Cáritas y fue una decisión que los propios alumnos tomaron. ¿La otra parte? Ellos mismos decidirán qué hacer con ese dinero porque, al fin y al cabo, es fruto de su esfuerzo y su trabajo; y si pueden tomar decisiones tan importantes como las que conlleva el funcionamiento de una cooperativa, podrán decidir en qué gastan su beneficio tan bien merecido.

Emprender no es fácil y conlleva riesgos, pero si no los asumimos nunca podremos alcanzar nuevos éxitos.

Gracias compañeras de cooperativa por formar parte de esta “locura”.

Gracias alumnos por demostrarnos, una vez más, que con pasión e ilusión todo sale adelante.

Gracias claustro por esa ayuda y apoyo que en todo momento nos habéis mostrado y transmitido.

Gracias familias por ofrecernos la oportunidad de crear emociones y aprendizaje en vuestros hijos.

El éxito de la cooperativa depende de todos, al igual que el éxito del colegio.  Juntos formamos una gran familia dispuesta a emprender los retos y desafíos que hagan falta. Y no tengo duda de que, cualquier cosa que nos propongamos, lo conseguiremos.

Patricia Barrena Mateo

Maestra de Educación Primaria

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