Los padres sueñan con elegir la mejor escuela para sus hijos y nosotros, maestr@s y profesor@s, soñamos con trabajar en la “mejor escuela”. Pero ¿cómo es esa escuela?

En la escuela que yo sueño el conocimiento no es una obligación, es un placer y por ello los alumnos tienen pasión por aprender, porque ¿acaso es posible aprender –de verdad o de forma significativa- sin pasión (ganas, voluntad, deseos de hacerlo)?

Mi experiencia como docente me dice que no. Los niños y jóvenes me han demostrado que el secreto del aprendizaje es el deseo de aprender. Sin este deseo, se puede llegar a un aprendizaje superficial, a unas notas excelentes, pero no a un aprendizaje profundo y significativo. Para que este exista, es imprescindible ponerle pasión. Los alumnos que ponen pasión en lo que hacen son los que mejor asimilan conocimientos, los que mejor desarrollan nuevas capacidades y los que más se abren a seguir aprendiendo.

En la escuela que yo sueño el aprendizaje es divertido. Algunos conciben esto como “entretener” a los niños en clase. No entienden que los alumnos que disfrutan aprendiendo tienen más posibilidades de creer en sí mismos y en sus posibilidades, de crear emociones positivas al aprender cosas nuevas, de autorregular los esfuerzos para perseverar en los intentos cuando las cosas no le salen a la primera, de ser más autónomos y, por supuesto, de ser más felices aprendiendo durante toda su vida sin preocuparse únicamente por alcanzar unos mínimos conformistas.

En la escuela que yo sueño sí importan las emociones puesto que son las únicas posibilitadoras del aprendizaje de los alumnos ya que incentivan su motivación, predisponen a actitudes más positivas, mejoran sus relaciones y ayudan a obtener mejores resultados.

En la escuela que yo sueño, se personaliza pero no se individualiza pues el proyecto último es ofrecer a cada uno el mejor lugar entre nosotros. Un buen lugar en la escuela. Y este lugar no puede ser un espacio excluyente sino un lugar común que se habita en clave de igualdad y dignidad.

En la escuela que yo sueño caben todas las miradas. No se fragmenta el aprendizaje en áreas descontextualizadas e inconexas que, a la vez, están organizadas en un horario rígido y fragmentado que hace que los niños encuentren los aprendizajes alejados, poco útiles y aislados.  En la escuela que yo sueño se engloban las diferentes miradas de las distintas disciplinas dando una visión general mucho más rica y consistente de los aprendizajes.

En la escuela que yo sueño se trabaja a partir de vivencias y experiencias reales que interesan a los niños y que se convierten en grandes proyectos que potencian su creatividad y que implican desarrollar estrategias de emprendimiento, la motivación de los niños, su autonomía, el trabajo en equipo, el aprender a aprender, aprender a pensar…

En la escuela que yo sueño los niños trabajan juntos, aceptando y respetando las diferencias, estableciendo relaciones positivas proponiéndose objetivos comunes que sólo se alcanzan si todos cooperan.

En la escuela que yo sueño, cabemos todos y cada uno encuentra su lugar: grandes y pequeños, listos y torpes, trabajadores y vagos, porque juntos podemos mejorarnos y ser distintos. Porque todos los niños tienen derecho a alcanzar sus sueños.

En la escuela que yo sueño cada alumno alcanza su mayor éxito posible. Es una escuela en la que no hay vencedores ni vencidos. Es una escuela de los descubrimientos, que permite a cada uno averiguar cuál es su camino y dónde están ocultos sus talentos para abrir esos “cofres en los que los tesoros tienen nombres y apellidos”. Una escuela capaz de ayudar a cada niño a encontrar la senda de su futuro, siempre distinta, siempre propia, siempre universal.  Por eso, en la escuela que yo sueño se celebra el aprendizaje de todos y cada uno de los niños.

En la escuela que yo sueño se integra de forma continuada y natural la educación en valores en los aprendizajes del día a día en el aula.

En la escuela que yo sueño se aprende a pensar, se buscan razones, no “la razón” porque nuestros alumnos no están en ella para encontrar la verdad, sino para aprender a hacerse preguntas que solo la vida podrá responderles.

En la escuela que yo sueño el aprendizaje se hace visible en todos y cada uno de sus espacios. Así, los alumnos saben qué están aprendiendo, por qué lo están aprendiendo, cómo sabrán que lo han aprendido y qué significa haber aprendido.

En la escuela que yo sueño todos remamos en la misma dirección.

Pero, sobre todo, en la escuela que yo sueño, veo niños felices y apasionados por aprender porque su educación parte de la calidad profesional y humana de todos los que enseñan.

Y en ese sueño tienen un papel especial mis compañeros de viaje, los maestr@s y profesor@s, que han estado y están junto a mí convirtiendo ese sueño en propósitos y en acciones concretas que hacen que cada día esté más convencida de que esa escuela es posible.  Gracias.

“Por la escuela de mis sueños”

Elena Borjabad García

Orientadora del Colegio Trilema Soria

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